8/11/08

GÉNESIS 34 – 36


PUNTOS SOBRESALIENTES: La deshonra de Dina; Jacob retorna a Bet-el; pacto Abrahámico renovado con Jacob; descendientes de Esaú.


VERSÍCULO DE HOY: “Apareció otra vez Dios a Jacob, cuando había vuelto de Padan- aram, y le bendijo” (Génesis 35:9).


Habían pasado por lo menos 10 años desde que Jacob partió de Padan- aram y comenzó su viaje de 800 kilómetros a Bet- el, lugar donde Dios había prometido bendecirlo. Empezó muy bien, sin embargo fue distraido en el camino por el hermoso valle de Sucot. Allí construyó una casa y se estableció cerca de Siquem donde su familia llegó a asociarse con sus vecinas paganos.

Jacob también había fracasado en destruir el ídolo que su esposa favorita, Raquel, había traído de su padre. El fracaso de Jacob de separar a su familia de influencias paganas y sus otros compromisos, tuvieron como resultado la deshonra de su hija Dina de los crímenes crueles de sus hijos. Solo entonces ejerció su autoridad paternal e insistió en que su familia se deshiciera de todos sus ídolos (Génesis 35:2,4), que se purifiquen, dejen sus hogares cerca de Siquem y que viajen a Bet-el.

Así como Jacob tuvo que dejar Sucot, cada uno de nosotros debemos separarnos de las cosas que nos obstaculizan el llevar a cabo la voluntad de Dios en nuestras vidas. El no separarnos del mundo, sus placeres y deseos, siempre de termina en desastre. Por esa misma razón, Dios nos ha advertido; “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el temor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Juan 2:15-17).


PENSAMIENTO PARA HOY: Podemos alabar a Dios por Su misericordia al proporcionarnos la oportunidad de comprometernos nuevamente con El.


CRISTO REVELADO: Como Dios Todopoderoso (Génesis 35:11) . Jesús dijo “Antes que Abraham fuese, yo soy” (Juan 8:58).

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