29/11/10

La sublevación de la naturaleza(3era parte)

Desde 1961, el mar ha venido subiendo 0,8 milímetros por año. El IPCC calcula que, si la temperatura continúa aumentando al ritmo que lo viene haciendo en las últimas décadas, el mar habrá subido 61 metros hasta el año 2050. Esto esto es espantoso, si tienes en cuenta que una subida de sólo 6 metros sería suficiente para sumergir las principales capitales costeras del mundo.


Peor. Seis de los siete años más calurosos, desde que se tiene registros, han tenido lugar desde 2001. El hemisferio norte ya ha perdido un 5% de nieve desde 1966.

Cuando yo era niño y viajaba de Lima a Jauja, la ciudad donde nací, en la República del Perú, me encantaba contemplar el paisaje de las montañas de Ticlio cubiertas de nieve perpetua. Al pasar por el punto ferroviario más alto del mundo quedaba fascinado al observar las sábanas blancas que cubrían los cerros. La última vez que anduve por esa parte de los Andes me dolió el corazón. Vi los cerros desnudos y la naturaleza agonizando. Oía un gemido triste provocado por el viento frío que soplaba en las montañas. Quiere decir que los informes científicos son reales. Tenemos la impresión de que no nos afecta porque nos encontramos lejos de esos lugares. Pero eso no cambia la realidad.

Es innegable que el planeta está más caliente y el hombre tiene buena parte  de la culpa. La comunidad científica considera que este aumento de temperatura es inevitable. El nivel del mar seguirá subiendo por lo menos durante un siglo aun cuando mañana mismo se eliminara por completo la emisión de gases de efecto invernadero.


Al tomar conciencia de este peligro, el mundo vuelve su atención al cuidado del medio ambiente. La ecología se transformó en una especie de religión. La ecología socialista acusa al capitalismo salvaje de ser el culpable. Todos los sectores, desde el jardín de infantes hasta las universidades, pasando por las agrupaciones comunitarias y los clubes de vecindario, están interesados en cuidar mejor del planeta. Pero las cosas no mejoran. La Biblia dice que irán de mal en peor y que todo es parte de las señales que anuncian la venida de Jesús.

Al Gore, ex candidato a presidente de Estados Unidos, recibió el Premio Nobel de la Paz en 2007 por su documental "La Tierra en juego" [Earth in the Balance], que la ONU consideró "un esfuerzo por diseminar una advertencia al mundo sobre el cambio del clima causado por el hombre". Esto muestra la preocupación humana por salvar el planeta, pero muestra también la incapacidad del hombre para ver lo que realmente se avecina.

La Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos[National Academy of Sciences] respalda la posición de Al Gore. Sami Solanki, el director del Instituto Max Plank para la investigación del sistema solar, en Gottingen, Alemania, ha dicho que en los últimos 60 años, además de las agresiones del ser humano a la naturaleza, el Sol se ha puesto más caliente por motivos inexplicables, y eso también ha contribuido al calentamiento del clima y el consecuente aumento de las catástrofes naturales.

¿Motivos inexplicables? Jesús ya lo había dicho, muchos siglos atrás, hablando de lo que sucedería en la Tierra, poco antes de su venida. "Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas; desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas".(Lucas 21:25,26) Todo se está cumpliendo como Jesús predijo.

"Angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar". ¿No te da la impresión de que el Señor Jesús está describiendo nuestro tiempo, nuestros miedos y nuestros dias? Sin embargo, hay que tener cuidado de no confundir las cosas. El hecho de ver todas estas catástrofes naturales no quiere decir que Dios está provocando todo eso. Él mismo explica la naturaleza de su relación con el ser humano: "Yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal...." (Jeremías 29:11).

Esta es una buena noticia. Dios no permitirá que el hombre se destruya a sí mismo. Él ama al ser humano. Intervendrá en la historia y colocará un punto final a los desatinos de la criatura. Si esto es verdad y la ciencia no le pronostica mucho futuro al planeta, ¿no significa que el día glorioso de la venida de Cristo ya despunta en el horizonte?




De: Señales de Esperanza.

La sublevación de la naturaleza(2da parte)

El 8 de octubre de ese mismo año, otro terremoto de proporciones gigantescas sacudiría Pakistán y la India, provocando miles de muertes, decenas de miles de heridos y millones de personas desamparadas.



Algunos días después el huracán Stan mataría a más de 70 mil personas en Guatemala y en el sur de México, y el volcán Yamatec, en el Salvador, entraría en erupción causando varias muertes. Fueron evacuadas, por lo menos 7 500 familias.

De acuerdo con el Centro de Investigación Epidemiológica de Desastres (CRED), unaorganismo colaborador de la Organización Mundial de Salud, sólo de enero a octubre del año 2005 casi 100 mil personas habían muerto en todo el mundo por desastres naturales. Desde Bélgica, el CRED controla un archivo de datos sobre desastres en el ámbito mundial. De acuerdo con esta entidad, el número de desastres naturales registrando ha aumentado notablemente a partir de 1900.

El año 2005 podría haber pasado a la historia como el año de mayor número de catástrofes naturales. No fue así. El 2006 registró más protestas salvajes de la naturaleza. Para completar el escenario sombrío, Markku Niskala, secretario general de la Cruz Roja Internacional, declaró hace poco que en 2007 hubo un aumento de catástrofes del 20% sobre 2006. Se alcanzó la escandalosa cifra de 500 cataclismos naturales en el mundo entero. En la actualidad se calcula en 250 millones el número de personas afectadas por desastres naturales cada 10 años. En la mitad de los casos el elemento de destrucción es el agua.

El agua es vida. Si hay poca, la vida se extingue. Si hay demasiada, trae la muerte consigo. Esto es lo que sucede en algunas partes del mundo donde las inundaciones no dan tregua. La peor de ellas fue la del Río Amarillo, en la China. Mató cerca de cuatro millones de personas. Según el IPCC, "es probable que los episodios metereológicos extremos aumenten en frecuencia y fuerza durante el siglo XXI como resultado de los cambios del clima".

Ante esta macabra realidad, la humanidad se pregunta angustiada: ¿Qué sucede con nuestro planeta?  ¿Enloqueció? ¿Cuándo va a parar todo esto? Las respuestas son más macabras aún. Muchos religiosos salen pregonando la ira divina y la destrucción del mundo. Los astrólogos culpan a los astros. Y la comunidad científica atribuye la causa al calentamiento global provocado por el maltrato que el propio ser humano le inflige a la Tierra.

"Calentamiento global" es una expresión relativamente nueva. Se usa para explicar el aumento de temperatura de la Tierra. Está probado científicamente que la Tierra se ha venido calentando en la últimas décadas. Específicamente, el proceso se inicia desde que comenzó la llamada Revolución Industrial y se pasó a dar más importancia a la producción que a la calidad de vida del ser humano.

Los gases tóxicos, que los especialistas llaman "efecto invernadero", provenientes de las fábricas, los vehículos, incendios de la floresta y tantas otras actividades industriales y humanas, han ido destruyendo la capa protectora de ozono, al punto de permitir que los rayos del Sol lleguen a la Tierra con mayor intensidad. En consecuencia, la temperatura de la Tierra aumenta. Al suceder esto, los glaciares se descongelan y el nivel del mar sube.

27/11/10

La sublevación de la naturaleza(1era parte)

"Entonces habrá señales en el sol, en luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas; desfalleciendo los hombres por el temor y las expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas" (San Lucas 21:25,26).

Isamael Gumuda llora su tragedia. Lamenta estar vivo. Preferiría estar muerto y no sentir nada. Llora el recuerdo del hermano ausente. Recuerda y llora con apenas 11 años. Las imágenes no se borran de su mente. De día las ve a toda hora. En las noches vuelven en forma de pesadillas. No olvida. No puede olvidar el día en que la gigantesca ola le arrancó de los brazos a su hermanito de 7 años.

Estaban en la escuela ensayando una obra para la próxima celebración del Año Nuevo, cuando oyeron el estruendo terrible de mil truenos. Ese ruido marcaría su vida para siempre. "Dimos media vuelta y vimos que una ola gigante, más alta que el edificio de la escuela, se nos venía encima -dice enjuagando las lagrimas-. Yo sujeté firmemente a mi hermano, pero la ola nos separó. No pude hacer nada para ayudarlo. Él me miraba aterrorizado, queriendo que lo ayudara, pero no pude; el agua tenía mas fuerza que yo. Sobreviví solamente porque la ola me llevó hasta el pie de la montaña, mientras que mi hermano desapareció tragado por el mar. Lo echo mucho de menos y oro por él", afirma Isamael.

Los maestros de la escuela donde él estudia han notado que Isamael no es el mismo desde el impacto del tsunami. Ha perdido peso, y se lo ve triste y callado. Isamael es uno de los estudiantes de la escuela Ban Talaynork que participa del programa de rehabilitación psicológica auspiciado por UNICEF en Tailandia.


Este relato dramático es parte de la tragedia que despertó a la humanidad a una realidad aterradora: la vida no vale nada cuando la naturaleza enloquece. La  madrugada del 26 de diciembre de 2004 permanecerá en el recuerdo de los mortales para siempre. Pasarán los años, y continuaremos aturdidos, desconcertados y perplejos.

Hasta ese día muchas personas no habían oido hablar de los tsunamis, aunque existían. De repente, ahora todo el mundo tuvo conciencia de una realidad que asusta. ¿Qué nombre se le podría dar al poder destructor de una naturaleza enloquecida que en fracción de segundos removió islas, hizo desaparecer ciudades enteras y devoró a casi doscientas mil vidas?¿Adónde podría correr el hombre para protegerse de una fuerza equivalente a la explosión de un millón de bombas atómicas, como la que destruyó Hiroshima durante la Segunda Guerra Mundial?.

Aquella madrugada de horror, el planeta fue estremecido en sus mismo fundamentos. La humanidad, golpeada en lo amargo de su conciencia. El sacudón asesino, de 9 grados en la escala de Richter, empezó en el extremo norte de Indonesia y pasó por Tailandia, la India, Bangladesh y Sri Lanka. Atravesó 6 500 kilómetros, mató a cientos de personas en la costa oriental del África y siguió miles de kilómetros más, hasta sacudir amenazadoramente los mares de la República de Chile.

La resaca de la Navidad de ese diciembre trágico tuvo gusto a sangre y muerte. El hombre entendió, de manera trágica, cuán pequeño es delante de la furia de la naturaleza.

El horror experimentado por el mundo cuando agonizaba 2004 era apenas el preámbulo de un 2005 lleno de catástrofes naturales. Semanas después del tsunami de Indonesia, una serie de huracanes causaría inundaciones y muertes en América Central y en Estados Unidos. El huracán Katrina, con nombre de mujer y furia de mil demonios, pasaría a la historia como impiadoso asesino. Sembró pánico y destrucción, provocó daños irreparables y sumergió durante semanas a la ciudad estadounidense de Nueva Orleans. El encanto francés de la bella ciudad de los blues y del jazz quedaría embarrada por una lama fétida con olor a muerte.

24/11/10

Un mundo sin Dios (7ma Parte)

Tarde o temprano, al sacar del escenario de su vida a Dios, el ser humano también termina por retirar de su vida los límites. "Que sea eterno mientras dure", se repite a sí mismo una y otra vez. Intenta justificar un estilo de vida cuyo propósito es apenas, agradar a los sentidos. Pero no lo logra. Se siente vacío, hueco, incompleto. Desea ser feliz a cualquier precio. Se esfuerza inútilmente por conseguirlo y yerra el blanco.

La Biblia llama "pecado" a esa frustración. En la Sagrada Escritura la palabra pecado proviene de la expresión griega hamartía. Literalmente quiere decir: "errar el blanco; apuntar a un objetivo y llegar a otro". Querer ser feliz y alcanzar la infelicidad. Fallar, perderse en el camino, confundir las cosas. Pero el hombre moderno insiste en ignorar el pecado. Ha decidido llamarlo "desequilibrio interior", "fragilidad humana", "desvío de conducta", "preferencia particular"; cualquier cosa, menos pecado. Como si el hecho de cambiarle el nombre fuera la solución.

Recuerdo el concurso que la profesora hizo en las escuela, pidiendo a los niños que diesen ideas para resolver el problema de la crisis energética.

-El combustible del mundo se está acabando- les dijo - y necesitamos sugerencias para impedir que eso ocurra.

Al dia siguiente los chicos vinieron con las ideas más jocosas y absurdas.

-Hay que colocar un perro al lado de cada conductor, para que ladre cada vez que corra mucho y así no gasta mucho combustible- dijo uno.

-Que ya no se venda más gasolina, entonces ya no se acaba- respondió otro.

Pero la respuesta más interesante fue la de Juancito:

-Vamos a cambiarle el nombre a la gasolina. Las personas comprarán otra cosa y la gasolina estará guardada-

Ese parece ser la solución que el hombre de nuestro tiempo cree haber hallado para las dificultades que enfrenta por haberse alejado de Dios. Si el ser humano salió un día de las  manos de Dios, sólo estará realizado y completo cuando se vuelva a su Creador. Pero el hombre niega esta realidad. Se olvida de que es un hijo de Dios y que debe vivir como tal.

Desde pequeño percibe un mundo distorsionado. Dios es algo sin mucha importancia. En la televisión ve programas cómicos en los que se ridiculiza las cosas espirituales. Entonces crece aceptando la vida secularizada como algo normal.

En 1987 se descubrió, en las selvas de Uganda, lo que la prensa llamó "el niño mono". Todo indicaba que ese niño había vivido con una tribu de monos por lo menos por cuatro o cinco años. El muchacho, de aparentemente 6 años de edad, fue llevado al hospital y después a un orfanato, donde saltaba y se movía en círculos como un mono. Se rehusaba a comer la comida que le ofrecían y mordía a todos los que se aproximaban a él.

Los estudiosos del comportamiento de este chico dijeron que si un niño vive con animales por más de cuatro o cinco años, es casi imposible que vuelva a tener un comportamiento normal. El cerebro recibe marcas que son indelebles para el resto de su vida.

Algo parecido le sucede al ser humano. Vive en un mundo lleno de racionalismo. Se olvidó de que salió de las manos de Dios. Percibe las consecuencias de vivir separado de su Creador. Ve a su familia hecha pedazos, a sus hijos esclavizados en el mundo de las drogas y de la promiscuidad. Su hogar está hecho escombros, sus ideales muertos, sus sueños hechos trizas. Es su realidad. Su triste y desesperada realidad. Realidad diaria, de cada hora, de cada minuto. Convive con ella, la carga dentro de sí, la lleva a todos lados, sufre, pierde las ganas de vivir, y entonces busca desesperadamente la solución, inventando soluciones pasajeras que hagan disminuir la intensidad del grito angustiado de su corazón.

¡Oh, corazón triste! ¿Por qué lloras en silencio el dolor que nadie ve? ¿Por qué corres, por qué huyes, por qué te escondes? En las horas más oscuras de tu vida, cuando el dolor te quita las ganas de vivir, cuando buscas respuestas dentro de ti y no la hallas, ¿por qué no vuelves los ojos a tu Creador?


Hace más de dos mil años el Señor Jesús, contemplando el panorama espiritual de nuestros días, se preguntó: "Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?"( San Lucas 18:8). Lo que estaba queriendo decir es si los hombres todavía se acordarían de que él los amaba y los esperaba con los brazos abiertos . ¿Se acordarían?

La respuestas es sólo tuya.

Un mundo sin Dios (6ta Parte)

Si los muertos "nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol", ¿cómo puede volver el espíritu de un muerto? ¿Cómo alguien puede hablar con él? El rey Salomón, por inspiración de Dios, continúa diciendo: "Todo lo que te viene a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol [sepulcro], adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría"(Eclesiastés 9:10).

Si en el sepulcro, que significa muerte, no hay lugar para nada más, ¿cómo alguien puede reencarnarse en otras formas de vida? ¿De dónde sale esa idea? Evidentemente, de un poder engañador, el diablo, tal como lo revela la Biblia. Lo que él quiere es confundir el ser humano. Nota que, en los últimos tiempos, todo falso Cristo afirma ser la reencarnación de Jesús. ¿No te parece curioso? ¿Crees que es pura coincidencia? ¿O existe un plan maestro por detrás de esas extrañas apariciones?.

El asunto es serio. El cristiano debería tomar como única regla de fe y doctrina a la Palabra de Dios. Nadie debe  aceptar pacíficamente enseñanzas espurias(falsas). Confiar en la autoridad de una iglesia y en la fuerza de la tradición puede ser fatal cuando están en juego asuntos espirituales.


Si los cristianos dejan de lado la Palabra de Dios y confían en doctrinas humanas, deterioran su fe. El resultado es la secularización del cristianismo. La palabra "secular" tiene su origen en el vocablo latino secularis.Significa algo que está relacionado con el presente estado de cosas, con la cultura actual, con los valores de hoy. El hombre de nuestro tiempo vive influenciado terriblemente por las experiencias científicas y tecnológicas. Estas resaltan la importancia de la materia y desembocadura en filosofías materialistas. Los cristianos no están ajenos a esa influencia, se contagian y dan origen al cristianismo secularizado.

El cristiano secularizado cree en Dios, pero Dios no pasa de ser un simple nombre; un detalle, una especie de amuleto que sirve en las horas apremiantes. Pasado el peligro, no existe más compromiso con él. La persona vive como si Dios no existiera.

La única diferencia entre el pagano y el cristiano secularizado es que este último asiste de vez en cuando a la iglesia. Es, digámoslo, miembro de un club religioso. No va a la iglesia para adorar a Dios sino para observar los cultos, con la mente típica del consumidor. Si le agrada el producto, vuelve; y si no, critica y se va a buscar otra iglesia que satisfaga sus expectativas. Después de todo, él "paga" con sus ofrendas y tiene el derecho a recibir, en cambio, un producto de primera.


Los líderes, a su vez, no saben qué "producto novedoso" presentar para atraer la atención de los "espectadores". En un mundo lleno de competitividad se esfuerzan para realizar el mejor show. Rebajan el patrón de los principios bíblicos y dicen que Dios sólo ofrece amor. En opinión de estos líderes la gracia maravillosa de Cristo cubre cualquier deficiencia humana, incluso la vida de alguien que no reconoce su pecado ni quiere abandonarlo.

San Pablo habló del triste  resultado de esta actitud humana: "Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen"(Romanos 1:28).

¿Qué cosas son esas "que no convienen"? Escribiendo al discípulo Timoteo, San Pablo completa su pensamiento: "También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismo, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de los bueno, traidores, impetuosos, infatuadores, amadores de los deleites más que de Dios"(2 Timoteo 3:1-4). 

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                         

22/11/10

Un mundo sin Dios (5ta Parte)

La astróloga Margaret Hone, al tratar de explicar la astrología, declara: "La astrología es un sistema particular de interpretación de la relación que existe entre la acción planetaria y la experiencia humana". Desde el punto de vista de los astrólogos, las "influencias planetarias" determinan comportamientos o actitudes humanas. Es decir, ellos intentan darle fundamento científico a las especulaciones humanas, pero la astrología no es una ciencia como la astronomía. En realidad, por detrás de las interpretaciones astrológicas están los dioses de las mitologías antiguas. Los astrólogos atribuyen a los planetas características que tenían los dioses del politeísmo antiguo. Pero la cara que la astrología muestra a las personas es la cara de los astros y no la de los dioses. Y mucha gente va detrás de ella, creyendo que está corriendo detrás de la ciencia.


Hoy la astrología permea de una u otra forma todas las actividades del ser humano. Se desdobló en otras disciplinas esotéricas y místicas. Hay gente que cree que el destino del ser humano depende de los números, o de las piedras preciosas, o hasta de los colores. Multitudes corren tras esas ideologías en busca de solución para sus problemas.

Las estadísticas indican que el 95% de los estadounidenses cree en la astrología, los platillos voladores, los fantasmas, los cristales y otros tipos de supersticiones. Sólo en Estados Unidos existen más de diez mil astrólogos y gente dedicada a la cartomancia. Entre sus clientes se encuentra gente famosa. El interés en asuntos de esta naturaleza es tan grande que una organización, establecida por el fallecido gurú Maharishi Mahesh Yogui, ya ganó tres mil millones de dólares.

En los momentos en que escribo estas páginas, catorce adeptos de la Iglesia Ortodoxa Rusa Verdadera, que se encontraban en un refugio subterraneo hace cinco meses a la espera del fin del mundo, tuvieron que abandonar el lugar tras su hundimiento parcial. Ellos esperan el evento final de los siglos para el 8 de mayo de 2008, una fecha determinada a partir del estudio de las estrellas.

¿Quién está realmente por detrás de todo esto? Sin duda el mismo personaje que, según el relato bíblico, un día se presentó ante la primera mujer, Eva, y el hizo creer que había un poder especial en el fruto que le ofrecía. Tú y yo sabemos que en el fruto no había nada. El propósito de la serpiente no era que la mujer comiera del fruto prohibido sino que se apartase de su Creador y pusiere su atención en la cosa creada. El poder  de adivinación y encantamiento de cualquier disciplina esotérica viene de alguien cuyo único propósito es el engaño.

Con relación a este asunto la Palabra de Dios es categórica: "Y si os dijeren: Preguntad a los encantadores y a los adivinos, que susurran hablando, responded: ¿No consultará el pueblo de Dios? ¿Consultará a los muertos por los vivos?"(Isaías 8:19).

El cristianismo debería ser el último bastión en defensa de los valores bíblicos, pero se entregó y dejó penetrar su doctrina con las teorías engañosas que nacieron en la mente diabólica. Esas doctrinas no tienen ningún fundamento bíblico.

Un ejemplo de eso es la creencia en la inmortalidad del alma. La Biblia es clara al afirmar que cuando el hombre muere acaba todo para él: "Porqué los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga, porque su memoria es puesta en olvido. También su amor y su odio y su envidia fenecieron ya; y nunca más tendrán parte en todo lo que se haga debajo del sol."(Eclesiastés 9:5,6).

Un mundo sin Dios (4ta Parte)

Hace 80 años el astrólogo Llewellyn George hizo una declaración visionaria. En aquel tiempo no fue tomado en serio.

-Llegó la hora- dijo- en que las masas, como un todo, se interesen por la astrología.

En una época en que las personas vivían fascinadas por el nacimiento de la tecnología y los descubrimientos científicos, las palabras de este profesor de astrología parecieron no tener mucho sentido; pero hoy, cuando vemos a millones de seres humanos con la atención dirigida a los astros, nos damos cuenta de que él no estaba engañado.

¿Cuál es la razón que lleva a las personas a buscar su destino en la astrología? La profunda necesidad espiritual del alma, el vacío interior, la falta de un sentido para la vida, más allá de valores materiales. Puede el ser humano ser inconsciente de esa necesidad, pero ella está presente en todo lo que realiza. En esas circunstancias la astrología desempeña un papel encantador. Te muestra aparentes explicaciones de tu personalidad. Te aconseja  buscar dinero, amistad o amor, pero no te exige nada desde el punto de vista moral. Eso les gusta al hombre y mujer de nuestros dias. El mundo no está muy preocupado por las coordenadas morales. Las personas quieren decidir lo que es correcto o no sin interferencias ajenas. Los principios eternos de Dios no tienen importancia. La único que interesa son las informaciones que yo pueda administrar a mi voluntad. No acepto que nadie me diga lo que debo hacer.

Al principio esta actitud del hombre moderno puede parecer confortable, pero el hambre espiritual del ser humano continúa. Las religiones fallaron en responder las preguntas existenciales de la vida porque se apartaron del único Libro capaz de proveer respuestas satisfactorias. Usamos la Biblia, pero la acomodamos a nuestro antojo. Escogemos lo que se adecua a nuestra manera de ser y de pensar, pero nos resistimos a adecuar nuestra vida a las enseñanzas eternas de la Palabra de Dios.

La astrología aprovecha este vacío para marcar presencia. Lo aprovecha sin consistencia alguna. No pasa de una supuesta ciencia ligada al esoterismo. Se basa en una serie de creencias de los pueblos antiguos, quienes creían en la influencia de los astros en el destino de las personas. Esta práctica era utilizada por las élites sacerdotales y los magos de Persia. Los encantadores de aquellos tiempos realizaba diferentes previsiones, anunciando las épocas mejores para la siembra, la cosecha y otros tipos de actividades. Los reyes tenían sus astrólogos particulares, que les indicaban el tiempo oportuno para ir o dejar de ir a la guerra. Esta supuesta ciencia fue pasando de una generación a otra y en cada etapa fue adquiriendo mayor sofisticación, hasta llegar a nuestros días.

21/11/10

Un mundo sin Dios (3era Parte)

Eso da origen a un cristianismo sin Cristo. El Sunday Times publicó una noticia que alarmó a muchos cristianos. Dirigentes eclesiásticos de un pais europeo escribieron una plegaria, denominada "La resolución del milenio", para marcar la llegada del año 2000. En dicha plegaria se omite toda referencia a Dios y a Jesucristo.

¿Es este el cristianismo posmoderno? ¿Es esta la conversión del agnosticismo al cristianismo o es la simple secularizacíón del cristianismo? El apóstol Pablo mencionaba este tipo de cristianismo como una señal de los tiempos del fin al decir: "Tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella"(2 Timoteo 3:5).

Cuando un cristianismo toma el nombre del Cristo pero no vive sus enseñanzas, pierde autoridad. Personas de religiones no cristianas que viven en Europa no aceptan el cristianismo porque ven el estado de corrupción de los líderes espirituales. Según los participantes de un encuentro de laicos católicos, denominado "Operación Movilización", los no cristianos están espantados a causa de la delincuencia, la protitución y la pornografia que está extendida, incluso, dentro del mundo cristiano. Mónica Maggio, voluntaria cristiana, afirma que los no cristianos no le encuentran sentido al caos de la sociedad occidental y los cristianos, con su deterioro religioso, no están en condiciones de ayudarla.

La revista "Reader´s Digest" realizó un estudio y concluyó que, en Alemania, el 20% de las personas que se consideran protestantes y el 10% de  los católicos, en realidad, son deistas. Creen en Dios , pero eso no afecta su vida. Según la revista alemana "Der Spiegel", las iglesias cristianas de Alemania cayeron en la irrelevancia. Los valores cristianos tienen cada vez menos impacto en la sociedad. De acuerdo con una encuesta reciente, sólo el 37% de la población alemana considera que la iglesia debería impartir valores morales. El público alemán considera que la policía, los partidos políticos y la organización ambientalista Green Peace están mejor calificados que las iglesias para difundir valores.

La verdad es que la criatura determinó, en su corazón, no creer más en Dios, o creer en él apenas como una energía despersonalizada, una fuerza interior o simplemente un dios, con minúscula, que puede manejar a su antojo. Sacó al Dios creador, soberano y todopoderoso del escenario de su existencia.

A pesar  de la actitud atrevida de la criatura, y lejos de morir, como hubiera querido Nietzsche, Dios continúa en el control de la vida y del universo. Quedó apenas "la soledad del hombre", usando las propias palabras de la filósofo. ¿Qué hombre? Un hombre que hunde cada día más en la arena movediza de su raciocinio. "Habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos... profesando ser sabios, se hicieron necios"(Romanos 1:21,22), afirmó el apóstol Pablo más de dos milenios atrás.

Volvamos a mi profesor agnóstico. Entre los argumentos que él usaba, intentando "probar" que el Dios personal que los cristianos adoran no existe, estaba la supuesta existencia de una energía cósmica que impregnaría todo lo que se mueve en el cielo y la Tierra. En realidad, él creía en Dios pero no lo llamaba Dios; lo llamaba energía. Llevaba una cadena de oro en el pecho. En el extremo de la cadena pendía una pequeña pirámide de cristal; según él, para atraer la energía cósmica del universo. La Biblia ya describía este tipo de pensamiento, muchos siglos atrás, al decir: "Cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador"(Romanos 1:25).

Este hombre, de mente inquisitiva, profesor de inglés en una famosa escuela de idiomas para ejecutivos en Manhatan, había dejado de dar culto al Creador y honraba a la criatura. Su atención se dirigía a una piedra de cristal. Cuando las cosas le iban mal, tomaba la piedra y se concentraba en ella, casi con devoción, para recibir las "radiaciones energéticas". Consideraba eso más sabio e inteligente que elevar su clamor a Dios.

Esta es la realidad de nuestros días. La humanidad ha vuelto sus ojos hacia la criatura en lugar de dirigirlos al Creador. Hay gente que no sale de casa sin consultar el horóscopo. Cree que su destino está determinado por los astros.

20/11/10

Un mundo sin Dios (2da Parte)

El problema básico del hombre de nuestros días  es el orgullo. "Se envanecieron en sus razonamientos", dice el apóstol Pablo. El periodista español Francisco Umbral, que escribía para el periódico español El Mundo, comprueba la declaración del apóstol. Antes de morir escribió en su columna lo siguiente: "Nietzsche y todos los otros que sabemos clausuraron el mundo antiguo decretando la muerte de Dios y la soledad del hombre. Esto es Modernidad, y nada la puede superar. Instituciones arcaicas, como la Iglesia, están viviendo hoy apenas por motivos residuales".


Umbral podría haber citado a Kant, Schopenhauer, Feuerbach, Marx o Freud para demostrar su Modernidad. No sería sorprendente. La Biblia ya lo decía tiempo atrás. En esta época llamada postmoderna, abundaría esta clase de pensamientos. Es la tendencia casi generalizada, especialmente en los países llamados desarrollados. Muchos intelectuales piensan y opinan de acuerdo con la "soberbia de su razonamiento". Les gusta ser llamados librepensadores. No quieren compromiso con nada ni con nadie. Mucho menos con alguien que nunca pudieron ver ni tocar: Dios.

Por un lado se encuentran los deístas. Ellos creen en un Dios creador que se olvidó de su creación y no interviene más en ella. Están también los agnósticos, que dudan de la existencia de cualquier tipo de Dios. Finalmente hay quienes son ateos, los que no creen en ningún tipo de Dios.

Estos tipos de pensamiento consideran a Dios un "concepto superado, arcaico, infantil". Agredir a Dios se volvió una moda. Hace poco tiempo el filósofo francés Michel Onfray escribió su Tratado de Ateología. Sólo en Francia vendió doscientos mil ejemplares. En un pasaje de su libro declara, lleno de suficiencia propia: "El último dios desaparecerá con el último de los hombres, y con el último de los hombres desaparecerá el temor, el miedo, la angustia, esas máquinas de crear divinidades".

Tal vez Onfray crea que está revolucionando al mundo con su manera de pensar, pero no es el único. Richard Dawkins, biólogo inglés, también escribió otro suceso editorial de ese género: "Dios, un delirio". Su libro es un esfuerzo desesperado para probar que Dios no pasa de ser un mito superado por el tiempo. Además el periodista inglés Christopher Hitchens, que vive en Washington, publicó "Dios no es grande"; y el filósofo estadounidense Sam Harris acaba de escribir su "Carta a una nación cristiana". En ella se defiende de las críticas que recibió después de su primer libro, en el cual considera ridícula la existencia de Dios.

Todos estos autores tienen algo en común. Para ellos el ser humano no necesita de Dios, mucho menos para ser un buen ciudadano. Dicen que la moralidad no depende de la religión y que, por tanto, un ateo puede ser ético y bueno. Eso es suficiente para ser feliz. A favor de esta  tesis está la neurociencia, cuyos "descubrimientos" probaron que hasta los chimpancés tiene nociones morales, sentimientos de empatía y solidaridad, y "sin embargo no orar ni creen en Dios".

El asunto en cuestión no es si el hombre que rechaza a Dios puede tener criterios morales o no. La moralidad no es  patrimonio de los cristianos. Lo importante es la profecía bíblica que anuncia que, en los días finales de la historia humana, esa manera de pensar sería cada vez más frecuentes. Hoy, no creer en Dios es casi regla entre los intelectuales. La revista Nature afirma que el 60% de los hombres de ciencia son ateos.

Agnósticos aparte, si damos una rápida mirada al mundo veremos que a pesar de la incredulidad de muchos hay un aparente despertar del ser humano en favor de la religiosidad. Por ejemplo, en Holanda, reconocidamente el país europeo más agnóstico, está habiendo un aparente retorno de la oración.

Hace pocos años comenzó el llamado "Movimiento de la oración en la empresa". En ese tiempo en Holanda pocas personas prestaban atención a este movimiento. ¿Por qué deberían preocuparse? Después de todo, el destino de Holanda era convertirse en un país agnóstico, en el que la oración era considerada, como muchos, "un pasatiempo irracional, aunque inofensivo".

Sin embargo, hoy la "oración laboral" se está convirtiendo en un fenómeno aceptado; en él participan más de cien compañías. Ministerios del Gobierno, universidades y multinacionales (como Philips, KLM y ABM ANRO) permiten a sus empleados organizar encuentros regulares de oración en sus lugares de trabajo. Incluso los sindicatos  ha comenzado a presionar al Gobierno para que reconozca el derecho de los trabajadores a orar en su lugar de trabajo.

Adjiedj Bakas, observador profesional de tendencias, y Minne Buwualda, periodista, ambos autores del estudio recientemente publicado bajo el título de "El futuro de Dios", creen una "recaida holandesa en la religiosidad".

¿Extraordinario? Tal vez sí, tal vez no. Este aparente retorno del pueblo a la oración y a la alabanza no lo es a la Biblia. Las personas perciben que el agnosticismo no  satisface las necesidades más profundas del corazón humano, y se vuelven a la emoción de la religión. No a los valores absolutos de un Dios absoluto, sino al relativismo de un dios, energía que no espera nada y simplemente da el visto bueno a la conducta  que la criatura decide seguir.

19/11/10

Un mundo sin Dios (1era Parte)

"Habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios ... ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador" (Romanos 1:21,22,25).

Agosto de 1995. El sol besa escandalosamente la ciudad de Nueva York. Calor intenso. ¡Cuarenta grados por lo menos! Yo trato de refrescarme con una limonada helada en un bar de Roquefeller Center.

Estoy en el corazón de Manhatan. Mi profesor, un francés nacido en Estados Unidos, bebe una cerveza. Nunca habíamos tenido la oportunidad de conversar fuera de clases. Es la primera vez que hablamos de asuntos ajenos a la vida académica. Me pregunta quién soy y qué es lo que hago. Al oír mi respuesta, su actitud amena cambia. Bebe un sorbo de cerveza, me mira como a un niño desprotegido, casi sin compasión, y me pregunta sonriendo:

¿Es posible creer en Dios en nuestros días?. Siento ironía en su voz. Sonrío y continúo bebiendo la limonada.

A partir de entonces, siempre que puede, el profesor conduce nuestra conversación al terreno religioso. Él no tiene inquietudes espirituales. Sólo quiere probarme que Dios no existe. Yo lo dejo hablar. Oír es arma mortal para esta clase de pensadores. Oírlos con atención los desconcierta, los confunde, los hace extraviarse en la maraña de sus raciocinios. Por eso lo escucho y le sonrio.

La mente de este caballero de 50 años, de aire de triunfador y aparentemente realizado en la vida, es brillante. Típicamente inquisitiva. Su capacidad de argumentar es extraordinaria. Sería capaz de probar a cualquier persona que es de noche, aunque el sol brillara en medio del cielo azul. De acuerdo con su manera de ver las cosas, él y todo lo que ha logrado en la vida prueban que el ser humano no necesita de Dios para vencer.

Los días corren. Nada mejor que el tiempo para analizar la consistencia de los conceptos. En cierta ocasión, en una de nuestras últimas conversaciones, hace un despliegue de argumentos contra la existencia de Dios. Yo considero un pérdida de tiempo continuar discutiendo el asunto. Él insiste. En silencio me pregunto qué es lo que se propone. Al ver que no se detiene, lo interrumpo:

-Está bien profesor - le digo-, imaginemos que usted tiene razón. Dios no existe. Imaginemos también que usted tiene un hijo, un único hijo de 20 años, en la flor de la existencia. Un hijo al que ama mucho y por el cual sería capaz de dar la vida. Para tristeza suya, él está sumergido en la drogadicción. Usted, como padre, ya hizo todo lo que podía para ayudarlo. Buscó los mejores especialistas, lo internó en los más calificados centros de rehabilitación, lloró, gritó y sufrió. Nada, ni nadie, es capaz de hacer cosa alguna para liberarlo de las garras del vicio, y usted me acaba de "probar" que Dios no existe. Dígame entonces, ¿qué esperanza resta para su hijo?.

El hombre se mueve nervioso de un lado a otro en el sofá de cuero marrón. Sus ojos brillan más húmedos que nunca. Son ojos redondos, de mirar penetrante. Esta vez son ojos tristes. Puedo ver la emoción retratada en su rostro. Sufrimiento y dolor, quién sabe. Sin querer he tocado una herida abierta en su corazón. La herida sangra. Intenta decir algo pero no puede. Solamente se levanta, hace una venia con la cabeza, a modo de despedida, y se retira. Mientras se va, lo veo esconder con discreción una lágrima rebelde.

Al siguiente día me entero de que tiene un hijo. Un único hijo de 20 años, completamente destruido por las drogas. Entonces creo entender su rebeldía, su extraño orgullo intelectual, incluso la ironía de sus preguntas.

Algunas semanas después, antes de retornar al Brasil, voy a despedirme de él. Me acompaña en silencio hasta el primer piso. Allí nos damos un abrazo. Ambos sabemos que nuestra conversación no ha terminado. Está emocionado. Las palabras no aparecen en sus labios, están atoradas en su garganta. De repente traga saliva y me susurra al oído:


Pastor, usted sabe, yo no creo en Dios, pero usted sí. Por favor, pídale a su Dios que ayude a mi hijo.

Me duele la actitud del profesor estadounidense, hijo de padres europeos. Me duele verlo con los ojos llenos de lágrimas, sintiéndose impotente ante la desgracia del hijo que ama y sin embargo, incapaz de reconocer a Dios como la única solución para su drama. Él es el retrato de la generación de los tiempos previos a la venida de Jesús. El apóstol Pablo la describe de este modo: "Habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido"(Romanos 1:21).

18/11/10

Mensaje falsificado (5ta Parte)

El otro pensamiento es que este engaño funciona sólo con los que no tuvieron "el amor a la verdad". Con aquellos que rechazaron la palabra de Dios, que no quisieron recibirla. Por miedo, por preconcepto o por cualquier otro motivo. Se negaron a aceptar la verdad. La verdad sólo se encuentra  en la Palabra de Dios.

Fue por causa de la falsificación de su venida que Jesús advirtió a sus discípulos: "Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis... Ya os lo he dicho antes. Así que, si os dijeren: Mirad, está ... en los aposentos, no lo creáis"(San Mateo 24:23,25,26).

Conversando hace poco con Armando Juárez, escritor mexicano residente en Estados Unidos, me decía: "Imáginate. ¿Qué sucedería si un día una nave espacial posará en alguna capital del mundo y todos los medios de comunicación enviaran sus reporteros para cubrir la noticia en vivo y, ante los ojos del mundo entero, saliera alguien de apariencia radiante, espectacular y carismática afirmando ser el Cristo? ¿Quién se atrevería a dudar, si todos están viendo y puede ser probado científicamente?".

La única vacuna contra los engaños del enemigo es el conocimiento de la Palabra de Dios. Jesús dijo: "Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres"(San Juan 8:32); pero vivimos en tiempos en los que las personas prácticamente desconocen la verdad. Ignoran la Biblia. No saben lo que dicen las Escrituras. El ser humano de nuestros días prefiere correr a las librerías y comprar productos de la imaginación humana. Prefiere dar crédito a historias fantasiosas antes que tomarse el trabajo de estudiar lo que la Biblia enseña.

El Señor Jesucristo describió para sus discípulos cómo sería su venida. Lo hizo con claridad meridiana: "Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre" (San Mateo 24:27).


La venida de Jesús será un acontecimiento visible para todo el mundo. Millones y millones de personas que habitan este planeta lo contemplarán viniendo en gloria. "Todo ojo lo verá", afirma el apóstol Juan. Después trata de describir con palabras humanas lo que el Señor le mostró en visión: "Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero". ¿Notas? Este es el "Verdadero". El auténtico, el genuino. El otro es la imitación, el padre de la mentira, el engañador.

Juan sigue describiendo: "Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo... Y su nombre es : EL VERBO DE DIOS. Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos... Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES" (Apocalipsis 1:7; 19:11,12-14,16).

Este es el momento glorioso de la humanidad. Cristo regresa a la Tierra para ponerle un punto final a la historia del pecado. No más dolor. No más llanto. La muerte no arrancará otra vez a un ser querido de tus manos. Las tristezas, los dramas y las tragedias de esta vida habrán llegado a su fin.

Cuando era niño, un día huí de casa por miedo al castigo. Había cometido una falta y sabía que arreglaría las cuentas con mamá. Corrí, corrí y corrí. Corrí pensando que si iba al lugar más lejano de la tierra mi madre no me encontraría. Corrí creyendo que allá, en el punto infinito del horizonte, donde el cielo se une con la tierra, podría esconderme de mis propios errores. Tenía miedo de parar. Corrí sin saber hacia dónde. Simplemente, corrí.

El día agonizaba en los trigales maduros de mi tierra. Las sombras de la noche se mezclaban con mis miedos y me aprisionaban. El canto amedrentador de las lechuzas parecía la carcajada siniestra de la noche. Estaba cansado, con frío y con hambre. Me acurruqué debajo del umbral de una casa abandonada y fue vencido por el cansancio. No sé cuánto tiempo dormí. Solamente sé que desperté asustado. Alguien me acariciaba el rostro dulcemente. Era mi madre.

-Ya está bien, hijo- susurró a mis oídos con ternura, ya corriste demasiado; llegó la hora de volver. Vamos a casa.

Esta es la verdad más hermosa de todos los tiempos. Tú también ya corriste demasiado, ya sufriste, ya lloraste. Ya te heriste los pies en la arena caliente del desierto de esta vida. Ya está bien, hijo, te dice Jesús. Llegó la hora de volver. Vamos a casa.

¿Aceptarás la invitación?

La respuesta es sólo tuya.

17/11/10

Mensaje falsificado (4ta Parte)

Engaño es la palabra clave. El diccionario define engaño de esta forma: "Dar a la mentira apariencia de verdad. Inducir a otro a creer y tener por cierto lo que no lo es". El engaño te conduce al error, te extravía. En el capitulo 24 de San Mateo, Jesús repite la advertencia contra el engaño cuatro veces, tal vez porque el engaño será el instrumento más poderoso del enemigo es los últimos tiempos.


El apóstol Pablo continúa la explicación de este "hombre de pecado" diciendo que sus seguidores se perderían "por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad" (2 Tesalonicenses 2:10-12). ¿Observaste la importancia que el apóstol le da a la verdad? En el fin de los tiempos hay gente que se perderá porque "no recibió la verdad"; prefirieron "creer la mentira".

A esta altura conviene hacerse preguntas: ¿De qué verdad habla Pablo? ¿Dónde está esa verdad? Jesús respondió esa pregunta muchos siglos atrás. Al orar en favor de sus discípulos dijo: "Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad"(San Juan 17:17).

Hay momentos en los cuales es preciso parar y pensar. Confrontarse con la verdad puede ser doloroso, porque la verdad siempre es un mundo de posibilidades que lleva hacia lo desconocido, y eso provoca miedo. Pero ¿imaginaste qué habría ocurrido si Newton no hubiese querido saber la verdad cuando una manzana le cayó sobre la cabeza? ¿Qué habría pasado si un día Cristóbal Colón no hubiese decidido partir rumbo a lo desconocido?.

La Biblia afirma que, desgraciadamente, en los días previos a la venida de Cristo habrá mucha gente que preferirá vivir en la mentira. Quizás eso sea más cómodo y menos doloroso. A veces las personas actúan como el paciente que sabe que está con cáncer y prefiere que el médico no se lo diga, esperando que el hecho de ignorar la verdad pueda disminuir la gravedad de su realidad.

Pero el apóstol va más allá. Él dice que en los postreros días, poco antes del retorno de Jesús, este "hombre de pecado" realizará el engaño más grande, la obra maestra de la mentira: imitará el regreso de Cristo. Lo dice así: "... Se manifestaré aquel inicuo ... cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos" (2 Tesalonicenses 2:8:10). ¿Sabes de lo que se habla aquí? De una falsificación. Una imitación del retorno de Cristo tan bien hecha que podrían ser engañados aun los escogidos.

Es interesante notar la palabra advenimiento. Pablo la usa para referirse a la aparición mentirosa del inicuo, pero es la misma palabra griega, parusía, que el Nuevo Testamento usa para referirse a la manifestación gloriosa del Señor Jesucristo. ¿Coincidencia? No. El apóstol usa esa palabra a propósito, para enfatizar la imitación casi perfecta de la venida de Cristo que realizará el "hombre de pecado". Todo ha sido planeado por el "inicuo" con minuciosidad, para hacer creer a las multitudes que su imitación es la verdadera venida de Jesús.

Esta será la obra maestra del engaño satánico. El mundo está siendo preparado para eso. Observa la temática de las películas, la literatura y los juegos electrónicos que consumen millones de seres humanos. Vivimos en la cultura de lo mágico, lo sobrenatural y lo extraterrestre. Los niños llegan al punto de tomar esas cosas como realidad. Por otra lado, nota los fenómenos paranormales que realiza el espiritismo. ¿Por qué las personas no podrían creer en un espíritu maligno disfrazado de Cristo y que hace cosas espectaculares?.

Nota dos pensamientos más del texto. El primero es el siguiente: esta parusía falsa es "por obra de Satanás". Hay un poder sobrenatural por detrás de esa falsificación. Es una obra maligna. Puede venir acompañada por señales y prodigios, pero es maligna. Ya lo dijo Juan, al descubrir a este poder satánico, en el libro de Apocalipsis: "También hace grandes señales, de tal manera que aun hace descender fuego del cielo a la tierra delante de los hombres. Y engaña a los moradores de la tierra con las señales que se le ha permitido hacer..." (Apocalipsis 13:13,14) ¿Te das cuenta? Este poder "engaña a los moradores de la tierra". Las personas se rinden ante las señales y los prodigios. Aceptan el engaño como si fuese la verdad de parte de Dios.

Los milagros y los prodigios no son necesariamente evidencia de que Dios está detrás de esas "maravillas". Cualquier ser humano corre el riesgo de ser engañado y servir de instrumento del mal, pensando que está haciendo las cosas en el nombre de Jesús.

Mensaje falsificado (3ra Parte)

La batalla final, que el Apocalipsis llama Armagedón y que sucederá antes de la venida de Cristo, no será una batalla con cañones o misiles. No será de Oriente contra Occidente, ni socialismo contra capitalismo. La última batalla de los siglos será entre realidad y la ficción, entre la verdad y la mentira, entre el bien y el mal. Y el campo de batalla será el corazón humano.


Este enemigo, mentiroso por naturaleza, tratará de engañar al mayor número de personas en los días finales de la historia, incluso a los más precavidos. Para lograrlo, naturalmente, no se presentará como es. Si lo hiciera, nadie iría con él. El apóstol San Pablo dice el enemigo vendrá camuflado: "... No es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz"( 2 Corintios 11:14). Será un personaje espiritual, religioso, obrador de "señales y prodigios". De otro modo los "escogidos" nunca caerían en sus artimañas.

El apóstol Pablo describe la manera en que actuará el engañador en los días finales: "Pero con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo, y nuestra reunión con él, os rogamos, hermanos, que no os dejéis mover fácilmente de vuestro modo de pensar... Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios"(2 Tesalonicenses 2:1-4).

Este texto es clave para entender el asunto. San Pablo afirma que el Señor Jesús no vendrá antes de que "venga la apostasía y se manifieste el hombre de pecado". ¿Quién es este "hombre de pecado"? ¿A quién se refiere el apóstol? ¿De qué apostasía habla y cuándo sucederá eso?.

El propio Pablo menciona otras características de ese "hombre de pecado". Dice que "se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios y es objeto de culto". Pero se levanta contra Dios de una forma extraña. Se "opone" sin oponerse. No habla contra Dios sino que se disfraza, se hace "pasar por Dios", "se sienta en el templo de Dios, como Dios". Pero no es Dios. Desdichadamente, las multitudes le creen, lo siguen y aceptan lo que él enseña. Y al hacerlo, lógicamente, caen en la apostasía.

¿Conoces, en nuestros días, algún poder religioso que se atribuya poderes divinos? ¿Has visto alguna institución religiosa que pretenda tener o considere que tiene autoridad suficiente como para "cambiar" lo que está escrito en la Palabra de Dios? Esto es preocupante. El día que tú veas que un ser humano se sienta en un trono y se hace pasar por representante de Dios, puedes saber que es parte del cumplimiento de la profecía bíblica.

Jesús dijo que la hora de su retorno estaría próxima cuando se viera "en el lugar santo de la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda)" (San Mateo 24:15). La frase "el que lee, entienda" está en el texto entre paréntesis. No todos entenderán. Va a depender de la actitud con que el ser humano busque la verdad. Dios sólo se revela a los que lo buscan con sinceridad y humildad de corazón.

Y ¿de  qué abominación desoladora había hablado el profeta Daniel? Para saberlo necesitamos ir al libro de Daniel. Él había mencionado a un poder religioso que "hablará palabras contra el Altísimo, y a los santos del Altísimo quebrantará, y pensará en cambiar los tiempos y la ley..." Un poder se que "se engrandeció hasta el ejército del cielo... Aun  se engrandeció contra el Príncipe de los ejércitos ... y echó por tierra la verdad, e hizo cuanto quiso, y prosperó"(Daniel 7:25; 8:10-12).

Observa que, en algún momento de la historia, este poder religioso intentaría mudar "los tiempos y la ley" y echaría "por tierra la verdad". ¿Por qué tiene tanto odio contra la verdad? Porque por detrás de este poder está el padre de la mentira. La verdad y la mentira son como la luz y la oscuridad, no pueden andar juntas. El enemigo de Dios inventaría una ley falsa, mentirosa, para llevar la atención de las personas lejos de la ley verdadera. Todo eso usando sus armas preferidas: el engaño y la seducción.

16/11/10

Mensaje falsificado (2da Parte)

El Señor Jesús mencionó también a falsos profetas. Gente que se considera enviada por Dios y ofrece a los hombres soluciones instantáneas para sus problemas. Venden promesas de curaciones milagrosas y prosperidad financiera. Alegan que las bendiciones sólo serán recibidas por los que tengan fe, y que la fe se mide por la cantidad de dinero que las personas dan. En los últimos años han proliferado este tipo de "profetas". Aparecen todos los días. Aprendieron a usar la radio y la televisión para alcanzar al público. Han construido verdaderos imperios financieros.


El argumento que usan para apoyar sus afirmaciones es el "testimonio" de las personas en cuya vida se realizó el milagro. Incluso citan la Biblia para afirmar que nadie haría estas cosas si el Espíritu de Dios no estuviera con ellos. Jesús los describió de la siguiente manera: "No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad". (San Mateo 7:21-23).

Es increíble. Gente que realizó milagros e hizo maravillas en nombre de Jesús recibe la desaprobación divina. No hicieron la voluntad del Padre. Actuaron de acuerdo con su propia manera de ver las cosas.

En cierto modo, todos estos profetas y personas que se dicen ser el Cristo son un cumplimiento de la profecía, pero el asunto va más allá de personajes delirantes o de aprovechadores que se benefician con la credulidad, el fanatismo o la falta de información del pueblo.

Cuando Jesús habló de falsos Cristos dijo que éstos harían "grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos"(San Mateo 24:24). Esto es algo serio. Los escogidos -los que aceptan la invitación de Dios de apartarse de la mentira y el error y vivir sólo por la verdad- no serían fácilmente engañados por una curación milagrosa o simplemente porque alguien dice que es el Jesús reencarnado.

Si gente esclarecida va a ser víctima del engaño es porque el asunto es más complicado de lo que se imagina. Aquí la palabra clave es "engaño". De acuerdo con la declaración de Jesús, en los tiempos finales se preparará un engaño tan bien armado que incluso afectará a los escogidos. ¿Quién estará detrás de este engaño y cómo sucederá eso? La Biblia tiene la información necesaria. Dios no podría haber dejado sin orientación a las personas sinceras que desean encontrar la verdad.

En el libro de Apocalipsis encontramos que el autor del engaño maestro de los últimos tiempos será el mismo que en el principio arrastró a una tercera parte de los ángeles del cielo usando la seducción y la mentira. San Juan lo describe de la siguiente manera: "Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él" (Apocalipsis 12:9).

Nota que una de las características de este personaje maligno es que "engaña al mundo entero". Su especialidad es el engaño. Él no obliga a las personas a hacer algo que no desean. Ellas lo siguen porque quieren. Creen lo que él enseña. Están convencidas de que él tiene razón.

El instrumento que este personaje usa para llevar a las multitudes a seguirlo voluntariamente es la seducción y la mentira. El Señor Jesús describió a este engañador como alguien que "... no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira"(San Juan 8:44).

15/11/10

Mensaje falsificado (1era Parte)

Extraido de: "Señales de Esperanza":

"Se levantarán falsos Cristo, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos" (San Mateo 24:24).


Se mueve con ademanes estudiados. Habla con ironía y desfachatez. Usa un reloj incrustado en brillantes. Se traslada de una lado a otro en vehículos de lujo y vive en una mansión de siete millones de dólares. Dice ser la reencarnación de Cristo, y cuando los periodistas le preguntan por qué viste ropas caras si Jesús anduvo en la Tierra con una túnica vieja y un par de sandalias gastadas, responde: "En mi primera venida estuve aquí para sufrir y morir. Ahora he regresado para reinar".

Su nombre, José Luis de Jesús Miranda. Nació en Puerto Rico y usa dos tatuajes con los números 666 en ambos antebrazos. Alega ser, al mismo tiempo, el anticristo. La razón es que enseña un mensaje diferente del que predicaba cuando era el Cristo sufridor. Según él, "ahora es un rey reencarnado y victorioso".

Miles de seguidores lo aclaman en varios países. Le dan abultadas cantidades de dinero y lo tratan como a un dios. Entrevistados, ellos argumentan que él los liberó de la culpa. Enseña que ya no existe mal ni pecado. Según él, en su primera venida habría pagado el precio del pecado y acabado con el mal. Su mensaje es agradable a los oídos del hombre moderno.

No es el único. En una casa del barrio Boqueirao, en Curitiba, República del Brasil, se abre una cortina roja y aparece, de túnica blanca, manto rojo, corona de espinas en la cabeza y un cetro de madera en la mano izquierda, el ex verdulero Luri Thais, de 49 años. Sentado en un trono proclama con voz impostada: "Yo soy Inri Cristo, el hijo de Dios, la reencarnación de Jesús, el camino, la verdad y la vida".

Desde hace varios  años Inri Cristo peregrina por el mundo. Ya viajó bastante. Estuvo en varios países. Fue expulsado de Inglaterra y recibido en Francia. En los últimos años estableció la sede de su movimiento en la ciudad de Brasilia.

Tampoco es el último. En un remoto rincón de Siberia, en una ciudad pequeña llamada "Vivienda del Amanecer", un hombre apacible de túnica blanca, cabello castaño largo y tímida sonrisa mezclada de enigma y beatitud dice ser el Cristo, que ya volvió para salvar a la humanidad. No lo dice a todos, sólo a sus discípulos. Éstos se pueden contar por miles y lo adoran como a un verdadero Dios. Ven en él a la reencarnación de Jesucristo. Su nombre verdadero es Sergio Torop, ex soldado ruso. Se hace llamar Vissarión: "el que da nueva vida".

Kevin Sullivan, periodista estadounidense, publicó en el Washington Post una entrevista con varios discípulos de Vissarión. Quedó sorprendido por las respuestas. Lula Derbina, por ejemplo, fue traductora de la Cruz Roja Internacional y vio en él al nuevo Maestro que esperó toda su vida. "Creo que es Jesucristo. Lo sé, como sé que estoy respirando", declaró ella.

Galina Oshepkova, de 54 años, se había divorciado recientemente y tenia dos hijos cuando alguien le mostró un video. En el video escuchó a Vissarión afirmar que había vuelto a la Tierra porque la gente se había olvidado de las palabras y las enseñanzas que dejara dos mil años atrás. "Sentí que mi corazón latía con fuerza y supe: ´Esta es la verdad´, es él. Es la segunda encarnación de Cristo", afirma la mujer, convencida.

Al mencionar Jesús a los falsos Cristos como una señal de su retorno a la Tierra, es evidente que no se estaba refiriendo sólo a estos personajes folclóricos o a tantos otros que aparecieron en el pasado y aparecerán en el futuro.

Tiempos de guerra (5ta Parte)

Cuando el ser humano contempla la triste realidad de este mundo en conflicto, no puede aceptarla  desde ningún punto de vista. Por una simple razón: el hombre no fue creado para la guerra, aunque viva permanentemente en ella. El ser humano salió de  las manos del Creador para vivir en paz y armonía consigo mismo, con los seres amados y con las otras personas. Pero algo sucedió a lo largo del camino, algo que deformó su mundo interior. Se ha vuelto violento por naturaleza. Hiere a los que encuentra en su camino y hace sufrir a los que están a su lado, pero en el fondo carga la nostalgia de la paz, porque la paz es el destino glorioso para el que fue creado.


Al contemplar a diario el cuadro desolador de sangre, al ver a sus hijos inocentes muriendo en una guerra loca y sin sentido, muchas veces el hombre se pregunta: "¿Hasta cuando?". Es entonces cuando la imaginación humana crea posibles soluciones. Una de ellas podría ser la aparición de un personaje aceptado universalmente y que fuera capaz de establecer la armonía entre las naciones. Alguien que conquistara la simpatía y admiración de todo el mundo de modo que, cuando pidiese a los hombres que vivan en armonía y paz, todos le obedecieran.

Pero la Biblia afirma que ningún ser será capaz de hacer eso. Al contrario, es clara al decir: "Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis necesidad, hermanos,de que yo os escriba. Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche; que cuando digan: ´Paz y seguridad´, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán" (1 Tesalonicenses 5:1-3).

La entrada del pecado contaminó este mundo hasta sus mismas raices. El ser humano es malo por naturaleza. Cada célula de su existencia trae la miserable mancha del egoísmo. Inconscientemente mira a los otros seres como competidores o como enemigos. No confía, y está siempre listo para defenderse y atacar. Por tanto, la solución debe venir de fuera de la esfera terrenal. La solución es divina y celestial. Es el retorno glorioso de Cristo a esta Tierra. Un Cristo victorioso que no pisará la Tierra contaminada por el pecado. San Pablo, describiendo este evento, es claro al decir: "Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor" (1 Tesalonicenses 4:17).
¿Te has dado cuenta? Jesús no pisará esta Tierra en ocasión de su segunda venida. Recibiremos al Señor "en el aire", dice Pablo. Nadie andará en la Tierra promoviendo la paz, por más que ese sea un pensamiento alentador.
Ah, mi querido(a), el día está llegando. La muerte provocada por la lucha irracional de los seres humanos no arrancará nunca más a un ser querido de tus brazos. No habrá más dolor, ni sufrimiento, ni lágrimas. Jesús volverá para colocar un punto final a la historia del pecado y las guerras. La gran guerra entre el bien y el mal habrá llegado al fin, y en la nueva Tierra de paz eterna, tu lugar ya está reservado. Sólo acepta a Jesús como tu Salvador.

Tiempos de guerra (4ta Parte)

Los nuevos pedidos hechos en el comercio de armas crecieron escandalosamente en los últimos años. Irónicamente, los cinco primeros proveedores de armas son miembros permanentes del consejo de seguridad de la ONU.¿Puedes imaginar que habrá paz de esa manera?.

-Yo no siento nada de eso- me decía el otro día un joven universitario.

Tal vez no lo sientas porque vives en la ciudad. Estás acostumbrado a otro tipo de violencia, del cual si tienes conciencia. Andas con miedo, temes transitar por lugares oscuros cuando la noche llega. Hay barrios de tu propia ciudad adonde no tendrías el valor de ir, aun cuando fuera de día. Eso quiere decir que la violencia urbana, la otra guerra sin cuartel, está presente todos los días en la experiencia del hombre de la ciudad.

Si piensas que las guerras sólo están en los países de Medio Oriente o en las montañas de dificil acceso donde se esconden las guerrillas organizadas, estás completamente equivocado. Es verdad que en la más grande guerra de nuestros días, de acuerdo con datos de la Organización Mundial de Salud, ya murieron 226 000 personas desde que comenzó la lucha. Los muertos durante la invasión a otro país llegaron a 11 405, incluyendo a militares, guerrilleros  civiles. Pero en un gran país del mundo, en una guerra silenciosa y callada, son asesinadas 48 000 personas por año como resultado de la delincuencia. El crimen organizado fue capaz de paralizar una megametrópoli y matar en un solo día a casi 20 policías que estaban de servicio. Y nadie diría que hay guerra en ese país. Sin embargo, la mafia del robo de cargas domina las rutas, el narcotráfico de drogas controla los barrios pobres, la mafia del tráfico de armas y el contrabando ejercen poder en las fronteras. Y todo esto genera pánico entre los ciudadanos. Sin embargo, el país no está en guerra.

Con un promedio de 500 secuestros relámpago por mes (más de 16 por día), otra gran metrópoli es una de las ciudades con mayor riesgo en el mundo. La industria del secuestro mueve, en esa ciudad, 70 millones de dólares por año, y la clase media se ve obligada a usar blindaje especial como si fuese un accesorio más del vehículo.

La misma situación se repite en otras grandes ciudades del planeta. Sólo el último año, 4.2 millones de personas fueron víctimas de la delincuencia en una ciudad. Cualquier otra metrópoli del mundo podría mostrar sus heridas abiertas y sus estadísticas crueles. Serían denunciadas de una realidad grotesca: la violencia diaria que se vive en las calles.

Las palabras de Jesús se están cumpliendo al pie de la letra. Guerras y rumores de guerras. Guerras fratricidas, locas y sin sentido. Guerras que nacen en las profundidades del corazón humano. El hombre y la mujer se esfuerzan por entender lo que sucede dentro de sí, pero no lo logran.

En 1984 dirigí una cruzada evangelizadora en el Estadio Nacional de Lima. Cuarenta mil personas llenaban el estadio todas las noches. Gente deseosa de escuchar las buenas nuevas del evangelio. Un mes después recibí la carta de un militante del movimiento guerrillero que llevó tanto dolor a mi pueblo. La carta decía: "Estuve en el Estadio Nacional, no porque me interesara lo que usted iba a hablar. Estuve allá cumpliendo una misión asignada por mi grupo. Estamos presentes en todos los lugares, con los ojos y los oídos abiertos. Aquel día fui al estadio cumpliendo mi rutina. Yo no soy malo. Soy simplemente un soñador. Sueño con un país libre, donde los niños nazcan con esperanza, y no condenados a una vida de explotación y miseria. Desgraciadamente, para construir ese país es necesario destruir la sociedad establecida. Yo pensaba que para eso había que pagar el precio, y el precio era el derramamiento de sangre de gente inocente. Pero aquella noche le oí hablar de Jesús. Descubrí que toda la sangre que era necesario que fuera derramada para construir una nueva sociedad ya había sido derramada en la cruz del Calvario. Pero ¿qué quiere usted que haga ahora con el recuerdo de mis crímenes? ¿Qué hago con las pesadillas que me consumen de noche? ¿Cómo saco de mi mente la imagen de gente inocente que suplica de rodillas que no la mate? ¿Adónde voy con mi dolor, con mi pasado, con el peso terrible de mi culpa?".

Este fue siempre el grito desesperado del corazón humano. ¿Qué hago? ¿Qué haré? ¿Adónde voy? En medio de ese torbellino de luchas y aflicciones, yo te invito a escuchar la voz mansa de Jesús: "La paz os dejo, mi paz os doy, yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo". En los tiempos de conflictos y guerras en que vivimos, no puede haber invitación más dulce.

¿Aceptarás la invitación?

La respuesta es sólo tuya.

14/11/10

Tiempos de guerra (3ra Parte)

Hace varias décadas el mundo fue estremecido por dos guerras de dimensiones gigantescas. Fueron llamadas Guerras Mundiales. Hasta entonces nada semejante había sucedido en la historia de la humanidad. Ambas guerras fueron devastadoras. La primera mató a 10 millones de personas y la segunda acabó con la vida de 55 millones de seres humanos. En aquella ocasión, en una transmisión radiofónica desde Hiroshima en 1945 después de lanzada la primera bomba atómica, William Ripley afirmó: "Estoy parado en el lugar donde empezó el fin del mundo". Sin embargo esas guerras no eran la señal del fin. Jesús lo había dicho: "Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin" (San Mateo 24:6,7).


El clima de guerra que vivimos en nuestros días no se limita a conflictos internacionales. Lo que mina la estructura intestina de los países hoy son las luchas internas. Las guerras internacionales están pasando a se la excepción. De los 56 conflictos armados importantes que se registraron en la década pasada, sólo 3 fueron conflictos entre un país y otro. Todos los demás fueron luchas internas; aun cuando en 14 de ellos intervinieron tropas extranjeras apoyando a uno u otro lado.(1)

Por otra parte, mientras que la primera mitad del siglo pasado estuvo dominada por guerras entre países ricos, la mayoría de los conflictos internos, contemporáneos, ocurre en los países más pobres del mundo. Naciones que luchan terriblemente contra el hambre, desperdician dinero y energía luchando entre hermanos.

Estudios realizados por especialistas muestran que existe relación entre los conflictos armados y el hambre mundial. Un problema lleva al otros. El planeta está siendo tragado por un tornado violento del cual nadie escapa. Las catástrofes naturales y las guerras de un lado, la amenaza de recesión financiera que lleva a millones de personas a la miseria y al hambre del otro, y en el medio el ser humano sin saber para dónde ir ni qué hacer. Este es el retrato del hombre del siglo XXI.(2)


En nuestros días hay muchos países que sufren conflictos internos así llamados guerrillas reivindicatorias. Estas luchas fratricidas desestructuran la vida de los habitantes de un país. En esas luchas sociales las personas más afectadas  son las menos culpables. Generalmente los conflictos internos se desarrollan en las zonas rurales, donde viene el humilde y desprotegido campesino.

Las guerrillas perturban las producción de alimentos y provocan el hambre, y todo debido a la destrucción material y el saqueo de cultivos, ganado, cosechas y reservas alimentarias de los campesinos. Por otro lado, los  movimientos revolucionarios constantes impiden trabajar, desaniman a los agricultores e interrumpen las vías de transporte a través de las cuales se vende la producción.

Los jóvenes son obligados a unirse a las guerrillas. Se apartan del sector productivo y abandonan los trabajos que generan ingresos. Como consecuencia, el hambre aumenta, incluso mucho tiempo después de que la violencia disminuye. ¿Qué se puede hacer en una tierra donde los bienes han sido destrozados, las personas han sido muertas y heridas, las poblaciones han emigrados para escapar del peligro y los daños al medio ambiente han sido irreparables?.(3)

Aun más terribles son las minas diseminadas por las tierras agrícolas, que matan y mutilan a las personas, y las desaniman de cultivar durante años y décadas.

Durante algún tiempo, después de la Segunda Guerra Mundial, se pensó que el mundo tendría paz. Habían disminuido los gastos en armas y las naciones soñaban con un mañana mejor. Durante esos años el gasto en armas disminuyó en un 37%, y todos creían que estábamos entrando a una era de concordia internacional.(4)


Pura ilusión. La profecía decía que las cosas irían de mal en pero: "... cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina..."(1Tesalonicenses 5:3); y así fue. El sueño acabó en 1988. A partir de ese año la compra de armas por parte de los países volvió a aumentar: el 2% en 1999 y el 3% en el año 2000. Hoy llega a la escandalosa cifra de 835 mil millones de euros por año; 15 veces más que el volumen de ayuda humanitaria internacional. Para colmo de males ese aumento fue más fuerte en las regiones supuestamente menos ricas. Son ellas las que más gastaron en compra de armas.(5)

(1). Secretario de Estado Sigrun Mogedal, Ministro de Asuntos Exteriores de Noruega(2001), "The Economics of Civil War", documento presentado en la Conferencia sobre Economía y Política de la Guerra Civil, Oslo, Noruega.

(2). FAO, "Plan de Acción de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación. Diálogo entre las diversas partes interesadas" (10-13 de junio de 2002).

(3). Más de 4 millones de personas han perecido en conflictos violentos desde 1989, y 37 millones han tenido que desplazarse ya sea dentro de sus países o fuera de ellos como refugiados. Las minas terrestres causan más de 25 000 víctimas cada año, y obstaculizan la reconstrucción y el desarrollo (Banco Mundial, 2000).

(4). Los datos sobre el gasto militar y el comercio de armas fueron tomados de las siguientes fuentes: Conversion Survey 2001 (Centro Internacional de Conversión de Bonn); Annual Report 2001(Instituto Internacional para la investigación de la Paz en Estocolmo); The Militar Balance 2001/2002 (Instituto Internacional de Estudios Estratégicos); Base de datos World Military Expediture and Arms (Organismo de Control de Armamento y Desarme de Estados Unidos).

(5). Ibíd., cita (4).

13/11/10

Tiempos de guerra (2da Parte)

Viernes 3 de septiembre. Hace calor. Calor infernal. Los niños se sofocan dentro del gimnasio. Nadie imagina la tragedia que se avecina. Faltan apenas 93 días para que otra tragedia de dimensiones catastróficas sacuda al mundo: el tsunami asesino que borraría del mapa ciudades enteras y se llevaría consigo a más de doscientas mil vidas.

En la ciudad donde el secuestro ocurre hay expectativa generalizada. Los ojos del mundo se dirigen para ver el desenlace final del ataque a niños indefensos.

De pronto se oye la explosión de una bomba. Siguen gritos de angustia por todas partes. Las fuerzas especiales aprovechan el pánico y entran para tomar control de la situación. Hay olor a pólvora, sangre y muerte. El aire que se respira es de terror, desesperación y miedo. El secuestro acaba. Resultado final: 376 muertos y 700 heridos.

Lo que describo aquí es sólo un grano de arena. El clima mundial de belicosidad es mucho más intenso. La sangre de gente inocente se derrama por todos los lados. Escenas de horror, mucho más terribles que las que aparecen en las películas, son protagonizadas en diferentes países, a veces, por motivos banales. El mundo vive la cultura de la guerra y no se trata sólo de la lucha armada de un país contra el otro.

Las personas también pelean y se matan casi sin motivo. En el momento en que escribo estas lineas los noticiosos narran la agresión de tres hombres a una mujer embarazada. Según los agresores, ellos tenían prisa y ella no les cedió el paso. El tiempo que perdieron agrediendo a la indefensa señora fue mucho más que los segundos que hubieran esperado.

Actitudes como esta puedes ver todos los dias en todos los lugares. El hombre de nuestros días ya se habituó a vivir en un clima de guerra. Una de las mayores guerras de la actualidad ya diezmó miles de vidas. Gente inocente. No tenía nada que ver con los intereses políticos de los involucrados. Al principio todo el mundo seguía con intereses el desarrollo de esa guerra. Hoy, a pesar de perderse cada dia decenas de vidas, la gente ya perdió el interés. Pasó a ser un asunto de rutina.

 

En aquellas tierras o en cualquier otro lado del mundo nadie sabe quién carga una bomba. El enemigo está por todos lados. No tiene rostro. Basta ser la otra persona. Las autoridades andan con miedo. Las personas también.

Cierta vez, mientras viajaba, un pasajero del avión sentado a mi lado me dijo:

¿Acaso no hubo guerras desde que el hombre apareció en el mundo? ¿No mató Caín a su hermano Abel sin motivo? Los países ¿no vivieron siempre en guerra? ¿Cómo puede ser eso una señal de la venida de Cristo?.

Es verdad. Después de la entrada del pecado el hombre siempre vivió en un clima de guerra. Era el resultado de su propia guerra interior, de sus encuentros y desencuentros, de su alejamiento de Dios. Sin embargo, nunca en la historia se ha vivido tanta tensión y violencia como se vive hoy. Es la multiplicación de la guerra, por así decirlo.