26/12/10

Señal del fin (1era Parte)

"Será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin" (San Mateo 24:14).

La voz de la comisaria de a bordo me despertó. Miré el reloj, las manecillas indicaban las 6:05 de la mañana, horario de Londres. En media hora más mi avión aterrizaría en el aeropuerto de Sheremetyevo, en Moscú. Estaba llegando a Rusia para dirigir una campaña de evangelización.

Mientras miraba por la ventanilla, tratando de observar la capital rusa, vinieron a mi mente las dificultades que las personas enfrentaron, en la antigua Unión Soviética, para estudiar la Biblia y servir a Dios. No había libertad. Quien se atreviera a predicar las buenas nuevas de Jesús corría el riesgo de ir a prisión. Eran otros tiempos. La caída de la Cortina de Hierro en Alemania y la Perestroika de Mijail Gorbachov abrieron definitivamente las puertas para que el mensaje del evangelio llegara a todos los rincones del planeta.


En 1992 el pastor y conferenciante Mark Finley, con el equipo de evangelismo del programa televisivo "Escrito está", realizó algo que se registraría en la historia de la predicación del evangelio como un hito histórico. Dirigió una campaña de evangelización en el Kremlin, lugar donde otrora se había estudiado y aprobado medidas para hacer desaparecer a Dios de la vida de las personas. Casi tres mil personas aceptaron a Jesús y se bautizaron. Hoy Rusia es tierra fértil para la semilla del evangelio. Esto es parte del cumplimiento de otra de las señales de la venida de Cristo: la predicación del evangelio a todo el mundo.

Todavía existen enormes desafíos. Hay países a los cuales el mensaje salvador de Jesús aún no ha llegado. Desde el punto de vista humano da la impresión de que, hoy por hoy, sería imposible que el evangelio fuera anunciado en esos lugares. Pero al mirar hacia el pasado reciente, y recordar que lugares como Rusia y otros también eran desafíos aparentemente imposibles de ser alcanzados, y sin embargo hoy las puertas están abiertas, tenemos la seguridad de que no habrá lugar en el mundo al cual el evangelio no llegue. La iglesia avanza a pasos firmes cumpliendo su misión.

Los ocho días que pasé en Siberia vi el hambre espiritual de las personas. Deseaban ardientemente oír el mensaje de Dios . Cada noche vi decenas de ellas aceptar a Cristo como su Salvador personal. Las ví siendo restauradas por el poder transformador de Jesús.

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